La Gata de Schrödinger: ciencia, escepticismo y el oficio de desmontar sectas

Rocío Vidal, La Gata de Schrödinger

Reseña de Rocío Vidal, la divulgadora que ha convertido la duda razonada en una herramienta de defensa frente a bulos, gurús digitales y estafas con apariencia de fe.

Dudar como defensa

Con el inicio de una serie de trabajos dedicados a las sectas, queremos abrir esta sección de reseñas con una de las divulgadoras más influyentes y comprometidas del panorama español: alguien que se ha propuesto destapar las nuevas estructuras de estafa nacidas al calor de Internet, sin descuidar las de siempre, y muy en particular las que se sirven de pseudociencias, líderes carismáticos, religión y promesas de enriquecimiento rápido. Hablamos de Rocío Vidal, más conocida por el nombre de su canal: La Gata de Schrödinger.

Puede sorprender que una revista de criminología y ciencias forenses dedique su atención a una youtuber (Y no es la primera vez). La razón es sencilla y tiene que ver con el objeto de estudio. Cuando un curso de coaching aísla a sus clientes de la familia, cuando una terapia milagrosa empuja a un enfermo a abandonar el tratamiento o cuando un líder convence a sus seguidores de que el resto del mundo conspira contra ellos, lo que tenemos delante no es una mera anécdota de Internet, sino material de primer orden para la victimología, la psicología forense y el derecho penal. Vidal lleva años documentando esos mecanismos sobre el terreno, y lo hace con un método que cualquier investigador reconocería: observar, recoger pruebas, contrastar y exponer con prudencia.

La mujer detrás del gato

Rocío Vidal Menacho nació en Benicàssim (Castellón) el 8 de diciembre de 1992. Se formó como periodista en la Universitat Jaume I y completó un máster en Comunicación Científica en la Universidad de Barcelona. Periodista, publicista y comunicadora científica, en 2016 puso en marcha el canal que la haría conocida y que hoy reúne a cerca de 935.000 suscriptores, con decenas de millones de visualizaciones acumuladas, a los que se suman cientos de miles de seguidores en otras plataformas.

Su salto a la divulgación no surgió de la nada. Formada en el periodismo y atraída desde joven por la cultura científica, encontró en el vídeo el formato para acercar la ciencia a quienes nunca abrirían un manual, convencida —como repite a menudo— de que la ciencia ayuda a crear pensamiento crítico. Empezó casi como un experimento doméstico y, en pocos años, se vio al frente de uno de los canales de divulgación más seguidos en español, con todo lo que eso acarrea de altavoz y, también, de diana.

El nombre del proyecto encierra una declaración de intenciones. El gato de Schrödinger, el célebre experimento mental de la física cuántica, describe un sistema que permanece en dos estados a la vez mientras nadie lo observa: ni vivo ni muerto hasta que se abre la caja. Vidal toma esa imagen como emblema de una actitud, la del juicio en suspenso, la de quien resiste la tentación de creer antes de comprobar. Esa es la columna vertebral de su trabajo: enseñar a convivir con la incertidumbre sin caer en la primera respuesta reconfortante que se cruce por el camino.

Su obra escrita acompaña esa misma idea. En ¡Que le den a la ciencia! (Ediciones B, 2019), con prólogo del psicólogo Ramón Nogueras, repasa supersticiones, pseudociencias y bulos con humor y rigor; en ¡Eureka! (Ediciones B, 2021) recorre los grandes descubrimientos científicos de la historia. Su labor le ha valido el reconocimiento de instituciones del ámbito de la divulgación —la Fundación Antama la distinguió junto a iniciativas como Naukas, Maldita Ciencia o Big Van Ciencia— y la ha llevado a escenarios como TEDx o el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona.

El catálogo de un escéptico

Quien se asome por primera vez a su canal encontrará un repertorio amplio: homeopatía, terraplanismo, negacionismo del cambio climático, conspiraciones varias, falsas terapias, además de divulgación pura sobre física, biología o historia de la ciencia, y reflexiones sobre feminismo y lenguaje. El hilo que cose temas tan distintos es siempre el mismo, el pensamiento crítico como hábito. «A todo el mundo nos falta una formación base» para discernir entre el bulo y la realidad, ha dicho, y de ahí que insista en que esa destreza debería cultivarse desde la infancia.

Frente a la idea de que basta con tener buena voluntad, Vidal propone un procedimiento. «Si algo que has leído es importante para ti, dale un doble chequeo; si lo ves en un medio, busca otro diverso», recomienda. Y advierte de cómo trabajan nuestros propios sesgos: «El sesgo de confirmación es clave: cuando leemos algo que cuadra con nuestro sistema de ideas, lo aceptamos de forma poco crítica». Su tono, irónico pero nunca condescendiente, ha sido descrito por la prensa como «un espacio de divulgación científica desde una perspectiva escéptica con un toque de humor».

No todas las falsedades le merecen el mismo juicio, y ese matiz dice mucho de su criterio. Vidal maneja una suerte de jerarquía del daño: «Los antivacunas y los negacionistas del cambio climático son los conspiranoicos más peligrosos», ha afirmado, porque sus creencias no se quedan en la excentricidad privada y terminan por perjudicar a terceros o al conjunto de la sociedad. Esa graduación, que separa la superchería inofensiva del bulo capaz de matar, es justo la que un criminólogo aplica al medir la lesividad de una conducta antes de decidir cuánta atención merece.

Sectas que caben en el bolsillo

El trabajo que mejor define su perfil reciente, y el que más nos interesa aquí, es su incursión en lo que podríamos llamar sectas de nueva generación: estructuras que no necesitan un templo ni una finca aislada, porque les basta una pantalla. El caso más sonado fue su investigación sobre Amadeo Llados, el gurú del músculo y el dinero que prometía convertir a cualquiera en millonario. En lugar de opinar desde fuera, Vidal se infiltró durante semanas en su programa y reconstruyó desde dentro su funcionamiento.

Lo que halló dibuja un retrato inquietante. Por una cuota mensual, el cliente accedía a una comunidad organizada en torno a un esquema de afiliación que recompensaba captar a nuevos miembros, un patrón propio de las estructuras piramidales. A ello se sumaba la idolatría hacia la figura del líder y una presión constante para alejarse del entorno. «Aíslate, porque todo lo que te rodea es negativo y una pérdida de tiempo», se animaba a los seguidores, a quienes se les repetía que ellos poseían la verdad y vivían «fuera del sistema», mientras los demás quedaban reducidos a la categoría de simples «plebeyos». Vidal recogió testimonios de personas que se quedaron sin dinero para comer o que abandonaron tratamientos médicos para costear las mentorías. El vídeo, titulado sin rodeos «Me infiltro en el curso de Llados y descubro la verdad: secta y estafa piramidal», se convirtió en una de sus piezas más vistas.

El gurú, el estoico y la manosfera

La de Llados no fue una anécdota aislada. En los meses siguientes, Vidal extendió la mirada a un fenómeno en auge: la venta de masculinidad y autosuperación a hombres jóvenes. Volvió a infiltrarse, esta vez en el curso del autodenominado «Seductor Estoico», y documentó dinámicas de manipulación emocional y violencia simbólica calcadas de las que había visto antes. En paralelo, dedicó un trabajo a cómo ciertos vendedores de humo han secuestrado la palabra «estoicismo», vaciándola de su contenido filosófico para convertirla en reclamo de marca personal.

El interés criminológico de esta deriva es evidente. Estos entornos comparten una gramática común con las sectas clásicas —líder carismático, comunidad cerrada, lenguaje propio, enemigo exterior—, pero operan a una velocidad y una escala que ningún grupo presencial había alcanzado, porque el reclutamiento se produce a través de algoritmos que premian justamente los mensajes más extremos. Vidal lo resume con crudeza al describir el perfil que floreció con la pandemia: «Este tipo de perfil de influencer conspiranoico es el que se ha visto más impulsado» por aquella crisis.

Las sectas de siempre

Su atención no se limita a las novedades digitales. La divulgadora ha dedicado también trabajos extensos a las organizaciones que la sociología lleva décadas estudiando. En su vídeo más reciente sobre la materia desgrana las creencias secretas de cienciólogos, mormones y testigos de Jehová, y describe los mecanismos de control y aislamiento que comparten. La cienciología, ha señalado en alguna intervención, «tiene todas las características de una secta». No es un análisis hecho desde la comodidad del plató: ha llegado a colaborar en piezas en las que se relata cómo se accede a sus sedes y cómo se ejerce el desarraigo sobre quien quiere marcharse.

Esa continuidad entre lo viejo y lo nuevo es uno de los aciertos de su mirada. Demuestra que el envoltorio cambia —ayer un boletín repartido puerta a puerta, hoy una transmisión en directo—, pero la maquinaria psicológica que captura a la persona se mantiene asombrosamente estable. Su última publicación, de hecho, es un breve apunte casi cotidiano sobre la visita de unos testigos de Jehová a su propia casa, prueba de que el tema le interesa tanto en su dimensión teórica como en la pequeña escena de cada día.

Cuando la pseudociencia mata

Hay un terreno donde el escepticismo de Vidal deja de ser un ejercicio intelectual para volverse cuestión de salud pública: el de las falsas terapias. Uno de sus vídeos más recordados fue una demostración tan teatral como didáctica. Para ilustrar que la homeopatía carece de principio activo, ella y una colaboradora ingirieron ante la cámara decenas de pastillas de un supuesto tranquilizante homeopático —sesenta y cuatro en total— sin sufrir el menor efecto. La pieza, paradójicamente, fue retirada en su día por la propia plataforma, en un ejemplo de los obstáculos que encuentra quien combate la desinformación.

El asunto se vuelve más grave cuando las pseudoterapias prometen curar enfermedades reales. Vidal ha denunciado de forma reiterada productos como el MMS, el dióxido de cloro que algunos curanderos venden como remedio universal: «Tenemos el caso flagrante del MMS, del clorito de sodio, que promociona el curandero Josep Pàmies», recordaba, calificando esas prácticas de peligrosas. Aquí su trabajo enlaza con una preocupación forense de primer orden, la del daño físico —a veces mortal— que provoca el abandono de la medicina basada en pruebas, un asunto que cada cierto tiempo termina en los juzgados.

Una lectura criminológica: la persuasión coercitiva

Conviene poner nombre técnico a lo que Vidal describe con lenguaje divulgativo. Lo que une a Llados, a la cienciología o al gurú de la seducción es un conjunto de técnicas que la literatura especializada agrupa bajo el rótulo de persuasión coercitiva o reforma del pensamiento. El psiquiatra Robert J. Lifton ya identificó en 1961 sus ingredientes clásicos —el control del entorno, la manipulación de las emociones, la exigencia de pureza, la confesión, el lenguaje cargado de consignas o la supremacía de la doctrina sobre la persona—, y autores posteriores como Margaret Singer o Steven Hassan, con su conocido modelo BITE (control de la conducta, la información, el pensamiento y las emociones), los han sistematizado. Cada hallazgo de la divulgadora —el aislamiento del entorno, la jerga interna, la promesa de pertenecer a una élite que «posee la verdad»— encaja con notable precisión en esos esquemas.

El problema, y de ahí su relevancia para esta revista, es que en España la persuasión coercitiva carece hoy de un encaje penal propio. No existe un delito de «secta»; cuando un grupo de este tipo llega a los tribunales, la acusación debe reconducirse a figuras como la estafa, las coacciones, la asociación ilícita o los delitos contra la integridad moral. En septiembre de 2024, varias asociaciones de víctimas, encabezadas por la Red de Prevención del Sectarismo y del Abuso de Debilidad (RedUNE), entregaron en el Congreso de los Diputados cerca de 300.000 firmas para que la persuasión coercitiva se tipifique como delito, en línea con lo que ya contemplan ordenamientos como el francés con su «abuso de debilidad». No es casual que la prensa vinculara aquella iniciativa con casos como el de Llados, el mismo que Vidal había destapado meses antes.

Un matiz recorre todo su trabajo y conviene subrayarlo, porque será uno de los ejes de esta serie sobre sectas: caer en estas redes no es asunto de personas ingenuas ni de poca inteligencia. La captación no busca debilidad mental, sino circunstancias propicias —un duelo, una crisis económica, la soledad, el deseo legítimo de pertenecer o de prosperar—, y por eso puede alcanzar a cualquiera. Entenderlo así desplaza la culpa desde la víctima hacia el mecanismo que la explota, un giro imprescindible para la prevención y para una respuesta judicial que no vuelva a castigar a quien ya ha sido engañado.

Aquí se aprecia el valor que tiene su trabajo más allá del entretenimiento. Al documentar con pruebas y testimonios cómo opera el engaño, una divulgadora contribuye a algo que el sistema penal todavía digiere con dificultad: hacer visible un daño que no deja moratones, pero que arruina economías, fractura familias y, en los casos extremos, cuesta vidas. La prevención, en este campo, empieza por reconocer el patrón antes de caer en él.

El precio de incomodar

Señalar a quien estafa tiene un coste. Vidal ha sufrido el acoso de seguidores de las corrientes que critica; durante la pandemia, sectores negacionistas llegaron a escribirle que era «una agente del Nuevo Orden» enviada para destruirlos, una muestra del tono persecutorio con que estos grupos responden a la crítica. A esa hostilidad se añade un adversario más silencioso, el de las propias plataformas. La divulgadora ha sido tajante con la contradicción de YouTube: «Vendió que nos va a ayudar a los que estamos combatiendo bulos, pero es absolutamente mentira».

Su diagnóstico sobre el ecosistema digital es sobrio y, por desgracia, certero. «Los algoritmos premian lo viral y perjudican la información más sosegada, calmada y desarrollada», lamenta, porque «lo viral hoy es lo más impactante y, a menudo, lo más impactante es una afirmación extraordinaria». El rigor, por su propia naturaleza, juega con desventaja en un terreno diseñado para recompensar la estridencia. Que aun así su canal haya crecido hasta rozar el millón de suscriptores dice mucho del hueco que ocupa.

Cinco vídeos para entrar en su trabajo sobre sectas

Para quien quiera acercarse a esta faceta de su obra, seleccionamos cinco piezas representativas de su propio canal, ordenadas de la más antigua a la más reciente; la última es, además, su trabajo más actual sobre la materia.

Me INFILTRO en el curso de Llados y descubro la VERDAD: secta y estafa piramidal (2024). Su investigación encubierta sobre el gurú del enriquecimiento rápido.

Los ESTAFADORES de la pandemia (2021). El catálogo de oportunistas y curanderos que florecieron con la crisis sanitaria.

Me INFILTRO en la SECTA del gurú + tóxico (Seductor Estoico) (2026). Manipulación emocional y violencia en los cursos de masculinidad.

Cómo los vendehúmos secuestraron el ESTOICISMO (2026). La filosofía clásica convertida en reclamo de marca personal.

Las creencias SECRETAS de las sectas más famosas: cienciólogos, mormones y testigos de Jehová (2026). Su entrega más reciente sobre las grandes organizaciones sectarias.

Conozcamos mejor los mecanismos de las sectas

Abrimos nuestras reseñas de contenido videográfico conñando a Rocío Vidal porque su trabajo hace, en la plaza pública, una parte de la tarea que la criminología reclama para los despachos y las aulas: nombrar el engaño, describir sus mecanismos y devolver a las posibles víctimas una herramienta de defensa. No es una experta en derecho penal ni pretende serlo, y ella misma sería la primera en marcar esa frontera; su mérito está en otro sitio, en traducir a un lenguaje accesible aquello que de otro modo quedaría encerrado en la literatura académica.

En un tiempo en que la estafa se viste de fe, de ciencia o de superación personal, la figura de quien enseña a desconfiar con criterio adquiere un valor que va más allá de lo divulgativo. Por eso la traemos a estas páginas, y por eso recomendamos su canal como una puerta de entrada amena y honesta a un problema que, lejos de ser marginal, nos interpela a todos. Le seguiremos la pista mientras nosotros mismos abordamos las sectas desde la criminología y las ciencias forenses.

La Gata de Schrödinger: Science, Scepticism and the Craft of Dismantling Cults

A review of Rocío Vidal, the science communicator who has turned reasoned doubt into a tool of defence against hoaxes, digital gurus and scams dressed up as faith.

Doubt as a defence

As we begin a series of articles devoted to cults, we open this review section with one of the most influential and committed science communicators in Spain: someone who has set out to expose the new fraud structures born on the internet, without neglecting the older ones, and especially those that trade on pseudoscience, charismatic leaders, religion and promises of getting rich quick. Her name is Rocío Vidal, better known by the name of her channel: La Gata de Schrödinger, Schrödinger’s Cat.

It may seem odd for a journal of criminology and forensic science to turn its attention to a YouTuber. The reason is simple and has to do with the subject matter. When a coaching course cuts its clients off from their families, when a miracle therapy pushes a patient to abandon treatment, or when a leader convinces his followers that the rest of the world is conspiring against them, what we are looking at is not a mere internet curiosity but first-rate material for victimology, forensic psychology and criminal law. Vidal has spent years documenting these mechanisms in the field, and she does so with a method any investigator would recognise: observe, gather evidence, cross-check and report with care.

The woman behind the cat

Rocío Vidal Menacho was born in Benicàssim (Castellón) on 8 December 1992. She trained as a journalist at the Universitat Jaume I and went on to a master’s in Science Communication at the University of Barcelona, where she has lived for years. A journalist, publicist and science communicator, in 2016 she launched the channel that would make her name and that now gathers close to 935,000 subscribers, with tens of millions of accumulated views, plus hundreds of thousands of followers on other platforms.

Her move into science communication did not come out of nowhere. Trained in journalism and drawn to scientific culture from an early age, she found in video the format to bring science to people who would never open a textbook, convinced —as she often repeats— that science helps to build critical thinking. She began almost as a home experiment and, within a few years, found herself at the head of one of the most-followed outreach channels in Spanish, with everything that entails as a megaphone and, also, as a target.

The name of the project is a statement of intent. Schrödinger’s cat, the famous thought experiment of quantum physics, describes a system held in two states at once while no one observes it: neither alive nor dead until the box is opened. Vidal takes that image as the emblem of an attitude, that of suspended judgement, of someone who resists the temptation to believe before checking. This is the backbone of her work: teaching people to live with uncertainty without grasping at the first comforting answer that comes along.

Her books pursue the same idea. In ¡Que le den a la ciencia! (Ediciones B, 2019), with a foreword by the psychologist Ramón Nogueras, she reviews superstitions, pseudosciences and hoaxes with humour and rigour; in ¡Eureka! (Ediciones B, 2021) she travels through the great scientific discoveries of history. Her work has earned recognition from communication institutions —the Antama Foundation honoured her alongside initiatives such as Naukas, Maldita Ciencia and Big Van Ciencia— and has taken her to stages such as TEDx and the Centre of Contemporary Culture of Barcelona.

A sceptic’s catalogue

Anyone visiting her channel for the first time will find a broad repertoire: homeopathy, flat-earth theory, climate-change denial, assorted conspiracies and false therapies, alongside pure outreach on physics, biology and the history of science, and reflections on feminism and language. The thread that stitches such different subjects together is always the same, critical thinking as a habit. «We all lack a basic training» to tell a hoax from reality, she has said, which is why she insists that this skill should be cultivated from childhood.

Against the idea that good intentions are enough, Vidal proposes a procedure. «If something you have read matters to you, give it a double check; if you see it in one outlet, look for a different one», she advises. And she warns about how our own biases operate: «Confirmation bias is key: when we read something that fits our system of ideas, we accept it uncritically». Her tone, ironic but never condescending, has been described in the press as «a space for science communication from a sceptical perspective with a touch of humour».

Not every falsehood earns the same verdict from her, and that nuance says much about her judgement. Vidal works with a kind of hierarchy of harm: «Anti-vaxxers and climate-change deniers are the most dangerous conspiracy theorists», she has stated, because their beliefs do not stay within private eccentricity and end up harming third parties or society as a whole. That gradation, separating harmless quackery from the hoax that can kill, is precisely the one a criminologist applies when gauging the harmfulness of a conduct before deciding how much attention it deserves.

Cults that fit in your pocket

The work that best defines her recent profile, and the one that interests us most here, is her foray into what we might call next-generation cults: structures that need neither a temple nor a remote compound, because a screen is enough. The most talked-about case was her investigation of Amadeo Llados, the guru of muscle and money who promised to turn anyone into a millionaire. Rather than commenting from the outside, Vidal infiltrated his programme for weeks and reconstructed how it worked from within.

What she found paints a disturbing picture. For a monthly fee, the client gained access to a community organised around an affiliate scheme that rewarded recruiting new members, a hallmark of pyramid structures. To this were added idolatry towards the leader and constant pressure to withdraw from one’s surroundings. «Isolate yourself, because everything around you is negative and a waste of time», followers were urged, and they were told over and over that they held the truth and lived «outside the system», while everyone else was reduced to mere «plebeians». Vidal collected testimonies from people who ran out of money for food or who abandoned medical treatment to pay for the mentorships. The video, bluntly titled «I infiltrate Llados’s course and discover the truth: cult and pyramid scam», became one of her most-watched pieces.

The guru, the stoic and the manosphere

Llados was not an isolated case. In the following months Vidal widened her gaze to a booming phenomenon: the selling of masculinity and self-improvement to young men. She infiltrated again, this time the course of the self-styled «Stoic Seducer», and documented dynamics of emotional manipulation and symbolic violence identical to those she had seen before. In parallel, she devoted a piece to how certain snake-oil sellers have hijacked the word «stoicism», emptying it of its philosophical content to turn it into a personal-brand slogan.

The criminological interest of this drift is plain. These environments share a common grammar with classic cults —charismatic leader, closed community, in-group language, external enemy— but they operate at a speed and scale no in-person group had ever reached, because recruitment runs through algorithms that reward precisely the most extreme messages. Vidal puts it bluntly when describing the profile that flourished with the pandemic: «This type of conspiratorial influencer is the one that has been most boosted» by that crisis.

The old cults

Her attention is not confined to digital novelties. She has also devoted long pieces to the organisations sociology has studied for decades. In her most recent video on the subject she unpacks the secret beliefs of Scientologists, Mormons and Jehovah’s Witnesses, and describes the control and isolation mechanisms they share. Scientology, she has noted in one appearance, «has all the characteristics of a cult». This is no analysis made from the comfort of a studio: she has taken part in pieces recounting how one gains access to their premises and how uprooting is exercised over anyone who wishes to leave.

That continuity between old and new is one of the strengths of her perspective. It shows that the wrapping changes —yesterday a leaflet handed out door to door, today a live stream— while the psychological machinery that captures the person remains remarkably stable. Her latest post, in fact, is a brief, almost everyday note about a visit from Jehovah’s Witnesses to her own home, proof that the topic interests her as much in its theoretical dimension as in the small scene of daily life.

When pseudoscience kills

There is one area where Vidal’s scepticism stops being an intellectual exercise and becomes a matter of public health: that of false therapies. One of her most remembered videos was a demonstration as theatrical as it was instructive. To show that homeopathy contains no active ingredient, she and a collaborator swallowed dozens of pills of a supposed homeopathic tranquiliser on camera —sixty-four in all— without the slightest effect. The piece, paradoxically, was at one point removed by the platform itself, an example of the obstacles faced by anyone fighting disinformation.

The matter grows graver when pseudo-therapies promise to cure real illnesses. Vidal has repeatedly denounced products such as MMS, the chlorine dioxide that some healers sell as a universal remedy: «We have the flagrant case of MMS, of sodium chlorite, promoted by the healer Josep Pàmies», she recalled, calling such practices dangerous. Here her work connects with a forensic concern of the first order, the physical —sometimes fatal— harm caused by abandoning evidence-based medicine, a matter that periodically ends up in court.

A criminological reading: coercive persuasion

It is worth giving a technical name to what Vidal describes in plain language. What unites Llados, Scientology and the seduction guru is a set of techniques that the specialist literature groups under the heading of coercive persuasion or thought reform. The psychiatrist Robert J. Lifton identified its classic ingredients back in 1961 —control of the environment, manipulation of emotions, the demand for purity, confession, language loaded with slogans, the supremacy of doctrine over the person— and later authors such as Margaret Singer and Steven Hassan, with his well-known BITE model (control of behaviour, information, thought and emotions), have systematised them. Every one of the communicator’s findings —isolation from one’s surroundings, the in-group jargon, the promise of belonging to an elite that «holds the truth»— fits these frameworks with notable precision.

The problem, and hence its relevance to this journal, is that in Spain coercive persuasion currently has no criminal definition of its own. There is no offence of «cult»; when a group of this kind reaches the courts, the charge must be redirected to figures such as fraud, coercion, unlawful association or offences against moral integrity. In September 2024, several victims’ associations, led by the Network for the Prevention of Sectarianism and Abuse of Weakness (RedUNE), delivered close to 300,000 signatures to the Spanish Parliament so that coercive persuasion would be defined as a crime, in line with what legal systems such as the French one already provide through their «abuse of weakness». It is no coincidence that the press linked that initiative with cases like Llados’s, the very one Vidal had exposed months earlier.

One nuance runs through all her work and deserves emphasis, because it will be one of the threads of this series on cults: falling into these networks is not a matter of naïve or unintelligent people. Recruitment does not seek mental weakness but favourable circumstances —a bereavement, a financial crisis, loneliness, the legitimate wish to belong or to get ahead— and so it can reach anyone. Seeing it this way shifts the blame from the victim to the mechanism that exploits them, a turn that is indispensable both for prevention and for a judicial response that does not punish again someone who has already been deceived.

Here one can see the value of her work beyond entertainment. By documenting with evidence and testimony how the deception operates, a science communicator contributes to something the criminal-justice system still digests with difficulty: making visible a harm that leaves no bruises, yet ruins finances, fractures families and, in extreme cases, costs lives. Prevention, in this field, begins by recognising the pattern before falling into it.

The price of being inconvenient

Pointing the finger at those who swindle comes at a cost. Vidal has suffered harassment from followers of the currents she criticises; during the pandemic, denialist sectors went so far as to write to her that she was «an agent of the New Order» sent to destroy them, a sample of the persecutory tone with which these groups answer criticism. To that hostility is added a quieter adversary, the platforms themselves. She has been blunt about YouTube’s contradiction: «It sold the idea that it would help those of us fighting hoaxes, but that is an absolute lie».

Her diagnosis of the digital ecosystem is sober and, unfortunately, accurate. «Algorithms reward what is viral and penalise calmer, more developed information», she laments, because «what is viral today is the most shocking thing, and often the most shocking thing is an extraordinary claim». Rigour, by its very nature, plays at a disadvantage on ground designed to reward stridency. That her channel has nonetheless grown to nearly a million subscribers says a great deal about the gap it fills.

Five videos to begin with her work on cults

For anyone wishing to approach this facet of her work, we have selected five representative pieces from her own channel, ordered from the oldest to the most recent; the last is also her most current work on the subject.

Me INFILTRO en el curso de Llados y descubro la VERDAD: secta y estafa piramidal (2024). Her undercover investigation of the get-rich-quick guru. https://www.youtube.com/watch?v=Y9yEoOKMAhE

Los ESTAFADORES de la pandemia (2021). A catalogue of the opportunists and healers who flourished during the health crisis. https://www.youtube.com/watch?v=xE54d1VDz4k

Me INFILTRO en la SECTA del gurú + tóxico (Seductor Estoico) (2026). Emotional manipulation and violence in masculinity courses. https://www.youtube.com/watch?v=kryO_Pgvj_g

Cómo los vendehúmos secuestraron el ESTOICISMO (2026). Classical philosophy turned into a personal-brand pitch. https://www.youtube.com/watch?v=UxHo_ixVfCQ

Las creencias SECRETAS de las sectas más famosas: cienciólogos, mormones y testigos de Jehová (2026). Her most recent piece on the major cult organisations. https://www.youtube.com/watch?v=60J-lQuyp58

Why we are reviewing her

We open our series on cults by reviewing Rocío Vidal because her work does, in the public square, part of the task criminology claims for offices and lecture halls: to name deception, describe its mechanisms and give potential victims a tool of defence. She is not an expert in criminal law, nor does she claim to be, and she would be the first to mark that boundary; her merit lies elsewhere, in translating into accessible language what would otherwise stay locked away in academic literature.

At a time when fraud dresses up as faith, science or self-improvement, the figure of someone who teaches reasoned distrust takes on a value that goes beyond mere outreach. That is why we bring her to these pages, and why we recommend her channel as an engaging and honest gateway to a problem that, far from being marginal, concerns us all. We will keep following her while we ourselves approach cults from criminology and the forensic sciences.

Bibliografía / References

Hassan, S. (2000). Releasing the bonds: Empowering people to think for themselves. Freedom of Mind Press.

Lifton, R. J. (1961). Thought reform and the psychology of totalism: A study of “brainwashing” in China. W. W. Norton & Company.

Singer, M. T. (1995). Cults in our midst: The hidden menace in our everyday lives. Jossey-Bass.

Vidal, R. (2019). ¡Que le den a la ciencia!: Supersticiones, pseudociencias, bulos… desmontados con pensamiento crítico (R. Nogueras, pról.). Ediciones B.

Vidal, R. (2021). ¡Eureka! 50 descubrimientos científicos que cambiaron al mundo. Ediciones B.

Diario de Avisos. (2026, abril). Rocío Vidal: «Los algoritmos premian lo viral y perjudican la información más seria». https://diariodeavisos.elespanol.com/2026/04/tecnologica-rocio-vidal/

El Español. (2025, 22 de marzo). Rocío Vidal, la ‘Gata de Schrödinger’: “A todos nos falta una formación para diferenciar entre bulo y realidad”. https://www.elespanol.com/aragon/actualidad/20250322/rocio-vidal-gata-schrodinger-falta-formacion-diferenciar-bulo-realidad/932907306_0.html

elDiario.es. (s. f.). Rocío Vidal, divulgadora: “Hay un tipo de influencer conspiranoico que se ha visto impulsado con la pandemia”. https://www.eldiario.es/tecnologia/rocio-vidal-youtube-combatimos-desinformacion_128_6037825.html

COPE. (2019, 25 de septiembre). Rocío Vidal: “Los antivacunas y negacionistas del cambio climático son los conspiranoicos más peligrosos” [Herrera en COPE]. https://www.cope.es/programas/herrera-en-cope/

Infobae. (2024, 24 de septiembre). La petición en el Congreso que puede acabar con el negocio de Llados y las sectas: 300.000 firmas contra la “persuasión coercitiva”. https://www.infobae.com/espana/2024/09/24/la-peticion-en-el-congreso-que-puede-acabar-con-el-negocio-de-llados-y-las-sectas-300000-firmas-contra-la-persuasion-coercitiva/

RedUNE. (2024). Asociaciones de víctimas de grupos sectarios y coercitivos entregan 300.000 firmas en el Congreso para pedir que la persuasión coercitiva sea delito. https://www.redune.org.es/

Vidal, R. [La gata de Schrödinger]. (2024-2026). Canal de YouTube. https://www.youtube.com/@LaGataDeSchrödinger

Créditos de las imágenes / Image credits

Retrato de Rocío Vidal: infoLibre, CC BY 3.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/3.0), vía Wikimedia Commons (captura de una entrevista publicada en 2020). La portada en 16:9 es una composición propia. Cover portrait of Rocío Vidal: infoLibre, CC BY 3.0, via Wikimedia Commons; the 16:9 cover is the author’s own composition adding scientific-scepticism symbology on the sides.

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    Profecabreado

    Miles de niños están picando en las estafas de Lladós y otras comunidades piramidales que actuan como sectas religiosas, la policia lo sabe, los jueces lo saben. Muchas denuncia, pero nadie hace nada. Lo mismo pasa con grupos religiosos pseudocristianos y de otras religiones que se anuncian en las plataformas arrastrando a los extremismos. Es un buen negocio y la ley va por detrás. Vamos de cabeza a un tecnofeudalismo de libro plagado de toda clase de sectas que mantendrán idiota al personal.

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