6 de diciembre, un día para reconocer nuestra convivencia democrática

La Constitución de 1978 nació en un contexto difícil. España atravesaba una etapa de cambios profundos y necesitaba un marco político que garantizara libertades, igualdad y estabilidad. Para lograrlo, fueron imprescindibles el diálogo, los acuerdos y una firme voluntad de reconciliación. Con el tiempo, la importancia de aquel esfuerzo se ha hecho aún más evidente.

Los llamados “padres de la Constitución” desempeñaron un papel decisivo: redactaron un texto capaz de representar a toda la sociedad en un momento histórico delicado. No se limitaron a escribir una ley fundamental; diseñaron un modelo de convivencia que ha permitido décadas de libertad y progreso. Este año, algunos han sido reconocidos por su aportación, recordándonos el valor del consenso y la responsabilidad.

Su ejemplo fue el de la generosidad política: supieron dejar a un lado diferencias ideológicas para alcanzar acuerdos que beneficiaran al conjunto del país. Hoy, en tiempos donde la polarización parece ganar terreno, conviene mirar atrás y recuperar ese espíritu de entendimiento.

Pero la Constitución no fue solo obra de los ponentes. Fueron los ciudadanos quienes, con su voto el 6 de diciembre de 1978, le dieron legitimidad. Ese día, millones expresaron su deseo de unidad y convivencia democrática, con la esperanza de abrir una etapa más justa y estable. El “sí” mayoritario reflejó un anhelo compartido: superar divisiones y construir un futuro basado en el diálogo y las instituciones.

También merece mención el papel de los jóvenes de entonces. Muchos vivieron la Transición con entusiasmo y la convicción de que España podía ser moderna, europea y democrática. Entre ellos, quienes votaban por primera vez apostaron por la europeización y la apertura al mundo. La España actual es heredera directa de esa energía que creyó en un horizonte nuevo.

Desde entonces, el país ha avanzado enormemente: derechos y libertades consolidados, crecimiento económico, infraestructuras modernas, un Estado social y un modelo territorial descentralizado. La integración en Europa, aspiración central en 1978, también se hizo realidad. Quedan retos y debates, pero la Constitución ha sido el marco que ha permitido este progreso.

Recordar todo esto no significa ignorar que la sociedad cambia. La Constitución es un instrumento vivo: da estabilidad, pero también permite evolucionar. Defenderla no implica rechazar mejoras, sino entender que cualquier cambio debe hacerse desde el respeto y el consenso, como en su origen. La democracia solo funciona si cuidamos los principios que la sostienen.

El 6 de diciembre es, por tanto, una oportunidad para agradecer, reflexionar y comprometerse: agradecer a quienes redactaron la Constitución, a los ciudadanos que votaron con esperanza y a los jóvenes que impulsaron el cambio. También es momento de valorar la convivencia: respetar la Constitución es respetar las normas que nos permiten vivir juntos, con nuestras diferencias.

Cada aniversario nos recuerda que la democracia es un proyecto compartido que exige participación, responsabilidad y respeto institucional. La Constitución sigue siendo un punto de encuentro y una garantía de estabilidad. Celebrar su aniversario es celebrar nuestra voluntad de seguir construyendo un país unido, democrático y abierto al futuro.

Mercedes Álvarez Seguí

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